El negro es el color más oscuro, el color cuyo valor de brillo es cero. Es una noción tan intuitiva y cotidiana que un objeto negro apenas llamaría nuestra atención si lo tuviésemos delante… o quizás sí.

Pensemos en un objeto negro, uno cualquiera: un pedazo de carbón, el asfalto de la carretera o la pantalla del móvil cuando está apagada. En una conversación informal, nos aventuraríamos sin pensarlo dos veces a decir que cualquiera de estos objetos es indudablemente negro. Aunque quizás, desde un punto de vista un poco más científico, no estuviésemos siendo del todo correctos. Podríamos decir que una pantalla apagada es de color negro, sí, pero, pensándolo bien, un móvil apagado hace las veces de espejo. Sin duda son un espejo pésimo que refleja un porcentaje ínfimo de la luz, pero aún así, lo cierto es que en una pantalla apagada se pueden ver reflejos. Y quizás en el asfalto o en un trozo de carbón no se vean reflejos, pero en su superficie apreciamos el relieve. Si somos capaces de percibir el relieve en su superficie es porque hay zonas más claras y otras más oscuras que nos permiten distinguir la rugosidad del material. En definitiva, estos objetos que habíamos tachado de negros sin cavilación, quizá no lo fuesen tanto. Sí, sin duda el asfalto, el carbón, o una pantalla apagada son objetos de un color muy oscuro, pero si en ellos vemos reflejos o percibimos su relieve, es porque hay diferencias de brillo en su superficie, y por lo tanto, no son negros según la definición formal, ya que el negro es el color más oscuro, el color cuyo valor de brillo es cero.

Entonces, ¿existe algún objeto realmente negro, o es este un color al que nos podemos acercar pero que jamás llegaremos a alcanzar? Cualquier artista que alguna vez haya trabajado en la fabricación de pigmentos, sin duda nos dirá que es imposible fabricar un color que absorba el 100% de la luz, y no le faltaría razón. Sin embargo, rebuscando en el cajón de las profesiones, encontramos a los astrofísicos, un pequeño grupo de científicos que están acostumbrados a tratar diariamente con objetos completamente negros. Estos son, por supuesto, las singularidades espacio-temporales comúnmente denominadas agujeros negros. Un agujero negro es un cuerpo astronómico con un campo gravitatorio tan intenso que nada, ni siquiera la luz, puede escapar de él. Así, si pudiésemos pasearnos por las proximidades de un agujero negro sin que nada se interpusiese entre éste y nuestros ojos, no veríamos más que eso, un agujero negro, una superficie completamente oscura en la que es imposible percibir ningún tipo de brillo, reflejo o relieve.

¿Cómo replicar un agujero negro?

No resulta difícil de comprender el por qué del empeño de muchos en tratar de replicar estas propiedades en un material fabricado artificialmente por el ser humano. Además de por sus innumerables aplicaciones estéticas, un color así sería de gran utilidad para la fabricación y calibración de todo tipo de detectores y elementos ópticos, desde telescopios hasta sensores térmicos. Por supuesto, fabricar un material que, como un agujero negro, tenga un campo gravitatorio tan intenso que ni la propia luz pueda escapara de él es una idea completamente surrealista. Sin embargo, varios caminos pueden llegar al mismo destino.

Desde la antigüedad, los artistas han fabricado sus propios pigmentos a partir de distintos materiales de orígenes orgánico y mineral. Hasta hace relativamente pocos años, fabricar pigmentos azules o púrpuras suponía un gran reto debido a la escasez de estos colores en la naturaleza. De hecho, en la antigüedad, el precio prohibitivo de estos colores hizo que “vestirlos” fuese un inconfundible símbolo de poder. Sin embargo, los avances científicos nos permiten hoy en día fabricar de forma sintética pigmentos de estas tonalidades sin más complicaciones que las que pueda presentar la fabricación de cualquier otro color. De la misma manera que los nuevos materiales han convertido el azul y el púrpura en colores de lo más habitual, cabría esperar que existiesen nuevos materiales sintéticos que también permitan fabricar nuevos negros, y de hecho, así es: uno de los pigmentos negros más utilizados en la actualidad es el Mars Black, creado a partir de óxido ferroso diférrico que es producido de forma sintética. Si bien estos pigmentos negros comunes pueden llegar a absorber más del 90% de la luz que sobre ellos incide, lo que los convierte en negros tan aceptables como el asfalto o el carbón, se quedan muy cortos si los comparamos con un agujero negro, un objeto 100% negro que no deja escapar ni un solo fotón.

Un color negro patentado por la NASA y el primer récord Guinness

Por suerte para los artistas interesados en colores cada vez más puros, la física de materiales y de estado sólido son campos de estudio en auge, y lejos de disminuir, los hallazgos en estas ramas son cada vez más frecuentes. La NASA, protagonizó recientemente uno de estos descubrimientos al patentar un super-negro capaz de absorber el 99,96% de la luz incidente. ¿Dónde estaba el truco? El material en cuestión no estaba pintado, si no completamente recubierto por nanotubos de carbono, una red hexagonal microscópica constituida por átomos de carbono y cerrada en forma de cilindro hueco. Cuando la luz incidía en este super-negro, realmente estaba incidiendo dentro de los nanotubos. La pequeña parte de la luz que no era absorbida por la red de carbono se reflejaba como se reflejaría en cualquier negro común, pero al producirse la reflexión dentro del tubo, la luz volvía a incidir con la pared interior de éste una y otra vez hasta que eventualmente se extinguía casi por completo. El resultado era una superficie tan negra que se

Hyundai pavillion en Corea del Sur diseñado por Asif Khan y recubierto de Vantablack

asemejaba a un agujero negro, despojando de todo reflejo y relieve al objeto pintado. El único pequeño inconveniente del que por otra parte fue un descubrimiento revolucionario, es que para hacer crecer los nanotubos era necesario someter el material en cuestión a temperaturas superiores a los 750 ºC, lo que limitaba drásticamente las aplicaciones de este color.

Es en este punto de la historia en el que hace aparición el primero de nuestros protagonistas: Surrey Nanosystems. Esta pequeña start-up británica desarrolló en 2012 el Vantablack, un material similar al desarrollado previamente por la NASA, con un índice de absorción ligeramente superior y que requería someter el material a “tan solo” 400 ºC. Unos años después mejoraron su diseño y anunciaron el Vantablack 2.0, que actualmente ostenta el record Guinness por ser el material más oscuro creado por el ser humano, alcanzando un índice de absorción de hasta el 99,965% de la luz incidente.

Puede que un array de nanotubos de carbono no tenga nada que ver con un agujero negro, pero si pintas una esfera con Vantablack, a primera vista, nadie notaría la diferencia. El problema, seguían siendo los 400 ºC necesarios para hacer crecer los nanotubos, que aún impedían aplicar el proceso a muchos materiales comunes.

Anish Kapoor y el uso artístico del Vantablack

El panorama en la búsqueda del negro más negro cambió de nuevo cuando Surrey Nanosystems desarrolló el Vantablack S-VIS, una versión en spray de su super-negro que podía aplicarse sobre casi cualquier material. Tras este anuncio, los artistas se lanzaron al ataque, y es aquí donde aparece el segundo protagonista de la historia: Anish Kapoor. Este reconocido escultor británico, famoso por el “Cloud Gate” del Millenium Park de Chicago así como por muchas otras esculturas como “Sky Mirror” en el Rockefeller Center de Nueva York o “Tall Tree and the Eye” en el Guggenheim de Bilbao, compró por una suma desconocida los derechos del Vantablack S-VIS, siendo su estudio a fecha de hoy, el único en el mundo autorizado a utilizar esta tecnología con fines artísticos.

Anish Kapoor. Créditos: Art premium

Para desgracia de Kapoor, la comunidad artística no vio con buenos ojos que una sola persona ostentase el privilegio de ser el único artista con acceso a un determinado color y fueron muchos los que se manifestaron abiertamente en contra de esta situación. Quizás la respuesta más notable fuera la del también artista británico Stuart Semple. A modo de protesta, Stuart diseño él mismo el pigmento rosa más rosa del mundo y decidió ponerlo a la venta en su página web. Eso sí, cualquier comprador interesado en este color debe firmar antes de la transacción un contrato legal en el que asegura no ser Anish Kapoor y se compromete a no permitir que éste tenga acceso al color, ya que el artista propietario del Vantablack es la única persona del mundo a la que Stuart niega el derecho de usar sus pigmentos. Las redes sociales han sido desde entonces testigo de una sucesión de toma y daca entre estos dos artistas. La última novedad es el proyecto de Stuart en la plataforma Kickstarter, que tiene como objetivo distribuir “Black 3.0“, una nueva pintura de invención propia que absorbe un nada despreciable 99% de la luz incidente. Al contrario que el Vantablack, este nuevo negro es una pintura acrílica al uso, que puede aplicarse con toda tranquilidad con un pincel sobre un lienzo. Por supuesto, este color está disponible para todos los artistas del mundo salvo para Kapoor, que se ha reafirmado públicamente en su decisión, defendiendo su derecho a hacer el uso que considere oportuno de la patente que ha adquirido.

Reloj diseñado por Anish Kapoor

Entre tanto, el Vantablack continua triunfando allí donde va. Algunos de los objetos que ya utilizan este material incluyen lentes para cámaras, satélites artificiales, telescopios, e incluso el exterior de un edificio. Por su parte, Kapoor ha presentado una única obra en la que hace uso de este material, un exclusivo reloj de pulsera con la esfera negra más negra del mundo.

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